

En el mundo de las cuerdas, la estabilidad de tensión estática es uno de esos parámetros que se citan con frecuencia, se comprenden poco y, en ocasiones, se interpretan de forma simplificada. Sin embargo, es un indicador fundamental para entender cómo se comporta una cuerda inmediatamente después del encordado, durante esa ventana crítica de unos cinco minutos en la que la cuerda “define” su equilibrio inicial.
Es en los primeros 30–60 segundos donde se concentra la mayor parte de la pérdida de tensión. Posteriormente, el descenso se ralentiza y tiende a estabilizarse de forma asintótica hacia un valor casi constante tras aproximadamente 180–240 segundos.
Desde un punto de vista cuantitativo, las diferencias están bien definidas. Una cuerda con excelente estabilidad estática presenta una pérdida de tensión cercana al 15% (±2%); los valores intermedios se sitúan alrededor del 20% (±2%). Por encima de este umbral, la cuerda puede considerarse flexible.
No obstante, no se trata solo de porcentajes. Estos valores se traducen en sensaciones claramente perceptibles: respuesta inicial, coherencia del encordado y fiabilidad durante las primeras horas de juego. Una cuerda que pierde tensión con demasiada rapidez tiende a comprometer el control y la precisión desde los primeros golpes.
Centrarse únicamente en la estabilidad estática sería un error. Aunque relevante, este parámetro no constituye un juicio definitivo sobre la calidad de una cuerda. La relación con la estabilidad de tensión dinámica es real, pero no siempre directa ni automática.
Existen cuerdas que muestran una caída de tensión apreciable en reposo inmediatamente después del encordado, sin manifestar un deterioro evidente ni cambios de comportamiento bajo la acción dinámica del juego. Por el contrario, cuerdas aparentemente estables al inicio pueden resultar menos consistentes con impactos repetidos.
La estabilidad estática describe principalmente la relajación del material tras el encordado; la estabilidad dinámica, en cambio, revela el carácter de la cuerda durante los impactos repetidos con la pelota. Son enfoques complementarios, pero no equivalentes.
La confusión entre ambos aspectos es lo que genera interpretaciones erróneas, como equiparar automáticamente la pérdida inicial de tensión con un bajo rendimiento en pista. Una evaluación completa debe incluir respuesta al impacto, control, confort y mantenimiento de las prestaciones en el tiempo.
La estabilidad de tensión estática debe interpretarse, por tanto, por lo que realmente es: un indicador importante, útil y medible, pero intrínsecamente parcial. Ayuda a comprender el comportamiento inicial de una cuerda, no a emitir un veredicto definitivo sobre su calidad global.
En el tenis, como en la ciencia de los materiales, el equilibrio entre datos objetivos y sensaciones en juego sigue siendo el único criterio verdaderamente fiable.