

En el mundo de las cuerdas de tenis existen parámetros muy “visibles” — potencia, control, efecto — y otros que actúan en segundo plano pero determinan realmente la experiencia en pista. Entre ellos, la estabilidad dinámica es uno de los indicadores más importantes: describe la capacidad de una cuerda para mantener sus características originales con el paso del tiempo, golpe tras golpe.
La estabilidad dinámica de una cuerda es una medida directa de su capacidad para conservar su respuesta inicial cuando se somete a las solicitaciones reales del juego. No se refiere solo a cómo se comporta justo después del encordado, sino sobre todo a cómo responde tras minutos y horas de impactos repetidos.
En una cuerda con baja estabilidad dinámica, golpe tras golpe observaremos:
Por el contrario, una cuerda con excelente estabilidad dinámica permite percibir:
No debe confundirse la estabilidad dinámica con la estabilidad tensional. Esta última describe la pérdida de tensión con el tiempo, incluso en reposo; la estabilidad dinámica se refiere a la capacidad de la cuerda para mantener una respuesta coherente bajo impactos repetidos.
El concepto de estabilidad dinámica está estrechamente ligado a la plasticización progresiva del filamento: una cuerda puede conservar valores de tensión aceptables pero perder elasticidad útil, alterando de forma significativa las sensaciones al impacto.
En términos prácticos, la vida “útil” de una cuerda no coincide con su rotura, sino con el período en el que mantiene prestaciones coherentes. Una buena estabilidad dinámica permite conservar control, efecto y previsibilidad durante más tiempo.