

La potencia de una cuerda de tenis representa su capacidad para devolver energía a la pelota durante el impacto, influyendo directamente en la profundidad de bola y en la sensación de empuje percibida por el jugador. Una cuerda con alta potencia genera una respuesta más elástica y reactiva; una cuerda con menor potencia ofrece una respuesta más amortiguada y orientada al control.
A igualdad de raqueta, tensión y condiciones de prueba, la potencia de un cordaje es el resultado de la interacción entre componentes físicos medibles y componentes perceptivos, que definen la respuesta global de la cuerda.
Desde un punto de vista físico, la potencia está estrechamente relacionada con la cantidad de energía disipada por la cuerda durante las fases de carga y descarga del impacto con la pelota, fenómeno descrito por el ciclo de histéresis.
Las cuerdas que conservan una mayor cantidad de energía elástica son más eficientes en la restitución del empuje.
La rigidez estática es uno de los parámetros más relevantes en la definición de la potencia percibida.
La rigidez estática debe interpretarse en relación con el nivel de juego, la capacidad de aceleración del brazo y la potencia intrínseca del jugador.
El sonido generado en el impacto influye significativamente en la percepción subjetiva de la potencia. Un impacto más sonoro y definido suele asociarse a una mayor sensación de vivacidad y reactividad, sin modificar directamente los valores físicos medidos.
En el contexto de los Lab Tests Racketpedia, el valor de potencia debe interpretarse como un indicador comparativo, útil para comparar cordajes en condiciones de prueba equivalentes y apoyar la elección según el estilo de juego.
La potencia no es un valor absoluto y debe correlacionarse con la rigidez, el control, el confort y el spin.